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domingo, 30 de octubre de 2022

LA CULPA

(por el Prof. Eduardo Grecco )

"No siempre la culpa es un sentir que alcanza la conciencia. En realidad, es mucho mayor la frecuencia en la cual permanece escondida en la sombra de lo inconsciente, que lo que navega a la luz de la percepción de nuestro yo. Pero, que no la tengamos presente, no significa que no ejerce su poder sobre nosotros. Y, una de las maneras por las cuales la culpa se expresa, es como grito en el cuerpo: el dolor. Un dolor cuya raíz hay que bucearla en nuestro mundo emocional. La conciencia calla, la memoria olvida, pero el cuerpo siempre habla y siempre recuerda. En este punto, creo que hay que revisar la relación que existe entre Impatiens y Pine y considerar, hasta qué punto, el dolor que Impatiens padece, no está originado por un sentimiento de culpa no asumido. La crueldad que ejerce hacia otros, es la contracara de la crueldad Pine, ejercida sobre uno mismo. Hay una frase de Bach, sobre Impatiens, que puede servirnos de nexo: “Es útil en aquellas personas que (sin importar su estado aparente) están haciendo un gran esfuerzo para sobreponerse a alguna cualidad adversa: de ahí la intensidad del sufrimiento cuando temen fallar.” “Temen fallar”, en Impatiens, mientras que, en Pine, tal vez sea, “He fallado”. Pero, de todos modos, la cuestión es falla, falta, error, tacha, fracaso… En toda esta dinámica, es bueno observar que, cuando la culpa aprieta nuestra vida, y no somos capaces de deshacernos de ella y liquidarla, es muy común que el castigo muerda el cuerpo como síntoma. Enfermedades autoinmunes, hipotensión, patologías del sistema nervioso, infecciones, patologías hepáticas, articulatorias y de la piel, son algunos ejemplos de este proceso, en el cual, la persona, se hace cargo de la autoría de un daño y paga con dolor esa culpa. De ahí la importancia que Pine tiene en ayudar a liberar esta creencia que consume la estima y la dicha de nuestra vida. Y, cuando fallar es a lealtades familiares o producto de enredos ancestrales o la presencia de vestigios inquisistoriales constelares, no hay que olvidar a Oak y su acción sobre los sentimientos de expiación."
 

 

viernes, 29 de abril de 2022

La culpa

 "La revolución que pensadores como Freud, Marx, Jung o Sartre, produjo un paso en el proceso de liberar al hombre de las cadenas de esclavitud de los templos y, al mismo tiempo, generó un hueco, una carencia, una ausencia, que ni inconsciente, relaciones de producción, arquetipos o “nausea” existencialista, pudieron cubrir. Es más, los seres humanos, sin darnos cuenta, adquirimos nuevos amos que substituyeron los anteriores. Nuevos motivos de culpa y condena.

De manera que, el quebranto y menoscabo del “poder del pecado contra Dios” no aportó un mayor grado de libertad a la humanidad, ni disminuyó la presión de los sentimientos de culpa, angustia, soledad y tristeza. Y, esto que sucede en lo general, acontece en lo particular.
Las personas que consultan a un terapeuta pueden haber prescindido del fundamento espiritual de su vida, pero eso no les trajo menos culpa, menos desesperación o menos inseguridad. Guillotinar a Dios no supone matar la culpa.
Bach, propone otro sendero: recuperar una autentica espiritualidad basada en la libertad y el amor que lleva a que culpa y desesperación desaparezcan de nuestra existencia. Y, en este punto, Pine, tiene una participación esencial. Nos hace responsable de ser “prójimos”, con nosotros y con los otros, nos enseña a portarnos bien con nosotros mismos. Y, entonces, como resulta que así como nos tratamos trataremos a los otros, si somos responsables por nosotros, seremos responsables por los otros. En suma, del mismo modo como no nos condenamos, no condenaremos; así como no nos juzgamos, no juzgaremos. De nuevo, se desnuda otra vinculación floral: en este caso entre Pine y Beech."
(Prof.Eduardo Grecco)
 

domingo, 22 de septiembre de 2019

PINE (Pino silvestre) (Pinus sylvestris)

Aunque que dé o haga mucho por otros, siempre se siente en falta. Ve gestos de desaprobación en los demás por lo que hace. Sentido del pecado. Pide disculpas constantemente. Siente que lo que le sucede a otros es su culpa.
Desarrolla la conciencia de que cada uno es responsable por sus propios actos y aprende a asumir sólo lo que le compete.
(del muro de Claudia Belou)

martes, 12 de febrero de 2019

PINE - Quinta y última parte

Hagamos un resumen de lo que hemos dicho, hasta aquí, sobre Pine.
La culpa es una emoción que crea la cultura como un mecanismo de control sobre las personas. Sentir culpa, encubre no hacernos responsables. Nace, en ocasiones frecuentes, de una convicción falaz: no ser capaz de alcanzar, realizar esperanzas o expectativas que, en verdad, son ilusorias, irreales y ficticias. (Aquí se impone vincular Pine con Elm). Esto, incluye, la culpa por no ser perfectos y el auto-reproche por no hacer las cosas de un modo ideal. Al igual que Oak y Centaury, Pine, se siente obligado a arrogarse la responsabilidad que corresponde a otros, a hacerse cargo de los adeudos de otras personas. Y, todo esto, supone que, en este estado emocional, la persona no confía en los procesos de la vida, no descansa en la justicia del alma, sino que se convierte en juez severo de sí mismo. Al tomar Pine, uno se libera del deber, del pasado acusador, se abre a la responsabilidad sobre uno mismo, a la mayor capacidad para estar presente en el presente, a erradicar la divergencia entre lo que hacemos y lo que deberíamos hacer, y a dejar atrás programaciones y mandatos familiares de expiación. Pero, no hay que olvidar que, el estado Pine, desnuda, también, una apetencia de control sobre la propia vida y la ajena. Por esta razón, quizás, Bach lo pone como herramienta para completar la sanación de la estructura Vine y, por este motivo, además, es una vivencia tan cercana a Chicory. Finalmente, Pine, nos inicia en el arte del equilibrio y la justa responsabilidad, nos relaja ante las exigencias de la vida, nos permite disfrutar más plenamente los momentos, a no torturarnos por como resulta lo que emprendemos, a no castigarnos por el pasado y los errores cometidos. En relación a esta última consideración, Pine, ayuda a desmoronar los picos de soberbia que puedan existir dentro de nosotros, a crecer en humildad, al enseñarnos a aceptar y valorar que aquello que hacemos es lo que estamos en condiciones de hacer. En síntesis, a sacar de nuestra vida el “deberíamos”.


PINE - Cuarta parte

Los sentimientos de culpa no están aparte de una cierta soberbia y egocentrismo que se ha apoderado de la identidad del individuo y la ha vaciado. Ahí, todo parece como que, la persona, ha perdido interés y contacto con la realidad. Estar fuera de la propia identidad, vivir una vida de máscaras o en un vacío de quién realmente se es, de ausencia de identidad, se acompaña, según Peter Belohlavek, un buen pensador de origen eslovaco, de sentimientos de soberbia y la culpa. También ocurre que, en repetidas veces, se da un desplazamiento “… de sentimientos de culpabilidad debidos a un fracaso existencial representado en la esfera corporal en forma de desgana, de falta de apetito o de “inapetencia” en el más amplio sentido de la palabra. (Jean B. Torelló). Esto permite comprender la razón por la cual, culpa y apatía (Wild Rose), estén, en ciertas situaciones, tan unidas. Pero, no es el único maridaje. Junto a la derivación en el cuerpo o la proyección en otros, que ya hemos señalado, hay más matrimonios posibles: que la culpa se haga rencor (Willow), dogma (Vervain), vergüenza (Crab Apple), amor (Holly) o rigidez moral (Rock Water).

PINE - Tercera parte

No siempre la culpa es un sentir que alcanza la conciencia. En realidad, es mucho mayor la frecuencia en la cual permanece escondida en la sombra de lo inconsciente, que lo que navega a la luz de la percepción de nuestro yo. Pero, que no la tengamos presente, no significa que no ejerce su poder sobre nosotros. Y, una de las maneras por las cuales la culpa se expresa, es como grito en el cuerpo: el dolor. Un dolor cuya raíz hay que bucearla en nuestro mundo emocional. La conciencia calla, la memoria olvida, pero el cuerpo siempre habla y siempre recuerda. En este punto, creo que hay que revisar la relación que existe entre Impatiens y Pine y considerar, hasta qué punto, el dolor que Impatiens padece, no está originado por un sentimiento de culpa no asumido. La crueldad que ejerce hacia otros, es la contracara de la crueldad Pine, ejercida sobre uno mismo. Hay una frase de Bach, sobre Impatiens, que puede servirnos de nexo: “Es útil en aquellas personas que (sin importar su estado aparente) están haciendo un gran esfuerzo para sobreponerse a alguna cualidad adversa: de ahí la intensidad del sufrimiento cuando temen fallar.” “Temen fallar”, en Impatiens, mientras que, en Pine, tal vez sea, “He fallado”. Pero, de todos modos, la cuestión es falla, falta, error, tacha, fracaso… En toda esta dinámica, es bueno observar que, cuando la culpa aprieta nuestra vida, y no somos capaces de deshacernos de ella y liquidarla, es muy común que el castigo muerda el cuerpo como síntoma. Enfermedades autoinmunes, hipotensión, patologías del sistema nervioso, infecciones, patologías hepáticas, articulatorias y de la piel, son algunos ejemplos de este proceso, en el cual, la persona, se hace cargo de la autoría de un daño y paga con dolor esa culpa. De ahí la importancia que Pine tiene en ayudar a liberar esta creencia que consume la estima y la dicha de nuestra vida.

PINE - Segunda Parte

Para el Psicoanálisis, la culpa, deriva del temor a la autoridad paterna que, con el tiempo, pasa a convertirse en una función interiorizada como una estructura, que Freud llamó Super-Yo. En cierto sentido, Freud reemplaza el pecado original por el Complejo de Edipo, en donde, el deseo y su prohibición chocan entre sí y, dan lugar, a la construcción de la culpabilidad como un descargo y excusa, por lo que se ha deseado, es condenable y merece castigo. Vista de este modo, la culpa, es casi un pedido disculpa y perdón que, sin embargo, no encuentra redención y que, por el contrario, muchas veces se hace síntoma. De tal manera, el cuerpo “paga” la deuda de la culpa no aceptada y no expresada y, por lo tanto, no cancelada. Por esa vía el afecto se hace afección. Joan B. Torelló, un lúcido sacerdote catalán autor, entre otros, de un bello libro “Psicología y Espiritualidad”, comenta lo siguiente: “Si esta “deuda” o “culpa” no es reconocida, nacen, entonces, profundos sentimientos de culpabilidad, de los que, en realidad, no debiera el interesado ser “liberado”, sino más bien descubrir su naturaleza y asumir la responsabilidad. Hay que entrar en la noche oscura de la criatura, como místicos y santos supieron hacerlo. Hay que aprender a cargar con la propia culpa, sin desfigurarla ni atribuirle otro contenido. Este es el objetivo de toda verdadera psicoterapia que se proponga la apertura del ser al mundo, al prójimo, a los valores.” Sin embargo, a pesar de lo que señala Torelló, creo que es sabio vivir sin culpa. Y, esto, es lo que enseña Pine.

PINE - Primera parte

Pine, en los textos de Bach, alude a concebir la responsabilidad personal, sobre lo que sucede, no desde el amor y el perdón, sino desde lo que deberíamos haber hecho. Y, que tal visión conlleva apesadumbrarse por un sentido de obligación y servicio que se transforma en culpa y condena. De modo que, Pine, nos nutre de una especial enseñanza: tomar conciencia que, la culpa, elude la responsabilidad y que, la responsabilidad, es la capacidad para establecer una relación reveladora y elocuente en nuestra existencia. Un valor que nos habilita a estar presentes, de un modo libre, en nuestras vidas sin quedar atados a condicionamientos y pautas de lo que correspondería actuar, pensar o decir. Esto implica, y este es un punto crucial de Pine, soltar la apetencia por querer controlar, tutelar y manejar nuestra vida.
Pine, quita la creencia de que somos deudores y, por lo tanto culpables y nos libera del recurso protector, pero regresivo, de encontrar refugio en la condena. Porque, aunque cueste creer, la culpa, también, funciona como un infantil sistema de amparo. ¿De qué nos escuda y resguarda? Del sentirnos nulos e impotentes frente a un escenario doliente. Nos protege del dolor de las heridas del alma
En nuestra vida actual cualquier fracaso -ilusiones que se frustran, planes que se estancan, relaciones que se quiebran, afectos que se ven traicionados- funciona como leña que alimenta el fuego de la culpa. Solo con recorrer un circunscripto tramo de nuestra historia, vamos a poder encontrar un vasto inventario de injurias de las cuales somos responsables. O acaso, ¿Alguien es capaz de decir nunca he traicionado a nadie? ¿Rechazado, de mala manera, a una persona que se acercaba a pedir ayuda? ¿Tratado injustamente a miembros de la familia o amigos? ¿Hablado mal de gente cercana? ¿Tenido comportamientos envidiosos, vengativos o crueles? ¿Reído de la desgracia ajena? ¿Haberse quedado con libros que le prestaron? ¿Faltado a una cita sin explicación y aviso?


viernes, 28 de septiembre de 2018

PINE


Emoción que trabaja: Culpa, sensación de estar en falta con los demás.
Aunque haga mucho por otros, siempre siente que debería haber hecho más. Da mucho, porque de lo contrario se siente culpable.
Interpreta gestos de desaprobación en los demás, por cada cosa que hace.
Pide disculpas constantemente.
Se siente responsable de lo que le sucede a otros y cree que debe compensar.
Falta de sentido de merecimiento.
Tomando PINE la persona desarrolla la consciencia de que cada uno es responsable por sus propios actos y aprende a asumir sólo lo que le compete
Libera la pesada carga de la culpa.
Se perdona a sí mismo.



martes, 2 de mayo de 2017

Hablemos sobre PINE




Cómo describre el Dr Bach este remedio?
El dice: "Para los que se culpan a sí mismos. Incluso cuando tienen éxito piensan que lo podrían haber hecho mejor, y nunca se contentan con sus esfuerzos o los resultados. Son muy trabajadores y sufren mucho de las culpas que se atribuyen a sí mismos. A veces si hay algún error es debido a otros, pero se atribuirán la responsabilidad incluso por eso."
(Los Doce Curadores y Otros Remedios)

Les comparto un resúmen de los post que Eduardo Grecco realizó entre el 17 de Octubre y el 9 de Noviembre de 2016:

 
En nuestra vida actual cualquier fracaso (ilusiones que se frustran, planes que se estancan, relaciones que se quiebran, afectos que se ven traicionados) funciona como leña que alimenta el fuego de la culpa.
Para el Psicoanálisis, la culpa, deriva del temor a la autoridad paterna que, con el tiempo, pasa a convertirse en una función interiorizada como una estructura, que Freud llamó Super-Yo. En cierto sentido, Freud reemplaza el pecado original por el Complejo de Edipo, en donde, el deseo y su prohibición chocan entre sí y, dan lugar, a la construcción de la culpabilidad como un descargo y excusa, por lo que se ha deseado, es condenable y merece castigo. Vista de este modo, la culpa, es casi un pedido de disculpa y perdón que, sin embargo, no encuentra redención y que, por el contrario, muchas veces se hace síntoma. De tal manera, el cuerpo “paga” la deuda de la culpa no aceptada y no expresada y, por lo tanto, no cancelada.
No siempre la culpa es un sentir que alcanza la conciencia. En realidad, es mucho mayor la frecuencia en la cual permanece escondida en la sombra de lo inconsciente, que lo que navega a la luz de la percepción de nuestro yo. Pero, que no la tengamos presente, no significa que no ejerce su poder sobre nosotros. Y, una de las maneras por las cuales la culpa se expresa, es como grito en el cuerpo: el dolor. Un dolor cuya raíz hay que bucearla en nuestro mundo emocional. La conciencia calla, la memoria olvida, pero el cuerpo siempre habla y siempre recuerda.
Cuando la culpa aprieta nuestra vida, y no somos capaces de deshacernos de ella y liquidarla, es muy común que el castigo muerda el cuerpo como síntoma. Enfermedades autoinmunes, hipotensión, patologías del sistema nervioso, infecciones, patologías hepáticas, articulatorias y de la piel, son algunos ejemplos de este proceso, en el cual, la persona, se hace cargo de la autoría de un daño y paga con dolor esa culpa. De ahí la importancia que Pine tiene en ayudar a liberar esta creencia que consume la estima y la dicha de nuestra vida.
En algunas personas, culpa y apatía, están, en ciertas situaciones, íntimamente relacionadas. Pero, no es el único maridaje. Junto a la derivación en el cuerpo o la proyección en otros, que ya hemos señalado, hay más matrimonios posibles: que la culpa se haga rencor (Willow), dogma (Vervain), vergüenza (Crab Apple), amor (Holly) o rigidez moral (Rock Water). Ya ven, la culpa se esconde en todos los rincones de nuestros sentires.
La culpa es una emoción que crea la cultura como un mecanismo de control sobre las personas. Sentir culpa, encubre no hacernos responsables. Nace, en ocasiones frecuentes, de una convicción falaz: no ser capaz de alcanzar realizar esperanzas o expectativas que, en verdad, son ilusorias, irreales y ficticias. (Aquí se impone vincular Pine con Elm). Esto, incluye, la culpa por no ser perfectos y el auto-reproche por no hacer las cosas de un modo ideal. Al igual que Oak y Centaury, Pine, se siente obligado a arrogarse la responsabilidad que corresponde a otros, a hacerse cargo de los adeudos de otras personas. Y, todo esto, supone que, en este estado emocional, la persona no confía en los procesos de la vida, no descansa en la justicia del alma, sino que se convierte en juez severo de sí mismo. Al tomar Pine, uno se libera del deber, del pasado acusador, se abre a la responsabilidad sobre uno mismo, a la mayor capacidad para estar presente en el presente, a erradicar la divergencia entre lo que hacemos y lo que deberíamos hacer, y a dejar atrás programaciones y mandatos familiares de expiación.
Pine, nos inicia en el arte del equilibrio y la justa responsabilidad, nos relaja ante las exigencias de la vida, nos permite disfrutar más plenamente los momentos, a no torturarnos por como resulta lo que emprendemos, a no castigarnos por el pasado y los errores cometidos.