sábado, 17 de octubre de 2020

LA LUZ FLORAL

 

Las esencias florales, son portadoras de luz, nos enseña el profesor Grecco.

En el interior del cuerpo humano existe un lazo complejo entre la luz y el oxígeno que se hace más palpable ante la presencia de una manifestación afectiva como la angustia. En la angustia se produce ahogo respiratorio, y la persona sometida a su dominio quiere correr, precipitarse y escapar, gesto razonable y sabio del cuerpo, dado que, el movimiento, proporciona una mayor cuota de oxígeno para que se cuele por el árbol respiratorio, aleje la opresión y fije más claridad en los hematíes.

A diferencia de la ansiedad que ama el tiempo, la angustia es una emoción espacial, una penuria respiratoria, una carestía pulmonar producto del aplastamiento y constricción de esta víscera.

En la angustia, el aire es limitado y, por lo tanto, la luz se hace escasa, lo que conduce a un ver la vida en tinieblas, como si acaeciera un oscurecimiento o una “…fría nube negra les eclipsara y les ocultara la luz y la alegría de vivir.” (Edward Bach) Sucede que, en tanto el espacio sea opresivo, la libertad de la persona esta ceñida y el existir se vuelve una adversidad, cuando no un tormento (Hay que recordar aquí, tal como enseñan los maestros del Pranayama, que cuanto mejor respiramos más libres somos). De modo que, como sitio de cautiverio, la prisión respiratoria suscita una necesidad imperiosa en el interior del Yo de huir sin esperar a ver que sucede. Pero ¿Huir de qué? ¿Hacia dónde? Tal vez del vacío, la soledad, del vértigo de la libertad, de la falta de luz, de la falta de esperanza… del eclipse del soplo de la vida.

Respiramos luz y lo ignoramos. La angustia es una de las formas por las cuales el hombre redescubre la conexión entre la respiración y la conciencia, vinculo sobre el cual el Yoga ha insistido tanto.

Iluminarse es hacer conciencia, ser consciente es ser soberano de sí mismo, poder respirar con libertad y ser feliz.


 

Prescribir luz o prescribir remedios

  “Es muy curioso que casi no existan comentarios, en la enseñanza floral, sobre el valor de la luz, en tanto símbolo y soporte material del mensaje sanador de las esencias florales, ni que tampoco se hable mucho del carácter iluminativo de su acción terapéutica. (“La enfermedad es pura y exclusivamente correctiva; no es ni vengativa ni cruel, sino el medio adoptado por nuestras propias Almas para señalarnos nuestras fallas, para evitar que cometamos más errores, para encauzarnos de vuelta por el sendero, de la Verdad y la Luz, del que nunca deberíamos habernos apartado - Edward Bach) Supongo que esto tendrá una razón de ser que, en parte, se explica por el alejamiento de la Terapia Floral de sus raíces espirituales, que transformó la prescripción de una llama para hacer conciencia, en una fórmula para erradicar síntomas. Y la pérdida de la “luz” condujo, a la Terapia Floral, a una profunda asfixia que la ha encaminado a doblegar sus convicciones con la finalidad de intentar garantizar un reconocimiento protector que le provea el aire que requiere para vivir: a obtener oxígeno de otras fuentes que no son las propias.”

“Nos preguntamos ¿Qué prescribir? Al igual que el diagnóstico, la prescripción es la comunicación de una interpretación. La diferencia reside en que el diagnóstico es palabra, mientras que la prescripción es nombre hecho obra. Así, el terapeuta, es tanto traductor (en el diagnóstico) como obrero (en la prescripción); trabajador que colabora en el Plan de la Evolución ayudando a cincelar, con las esencias florales, las imperfecciones que impiden, a los pacientes, estar en armonía con sus almas.”

(Eduardo Grecco)


 

EL NACIMIENTO DE LA ENFERMEDAD

El nacimiento de la enfermedad, para Bach, está centrado en torno de dos conflictos que operan en el seno de la relaciones entre el Alma y la Personalidad y entre el Yo y el Otro. Es allí, en el punto de recruzamiento de estos ejes de tensión del movimiento de la vida y la evolución, donde puede hallarse el potencial de comprensión del sentido de la existencia. 

El eje vertical (Alma-Personalidad) establece las reglas que regulan la relación de la personalidad con el alma y viceversa y de la persona con la divinidad. Así como los 10 mandamientos legislaban, en el Antiguo Testamento, la relación del hombre con Dios, los Doce Sanadores expresan esta misma regulación. Ellos representan los doce pasos de ascenso en el sendero de la evolución, las doce puertas que hay que traspasar hacia la perfección, las doce lecciones a aprender para alcanzar la plenitud de la individuación y los doce trabajos que el alma debe realizar para lograr reintegrarse al Espíritu del cual proviene. 

No está de más recordar que, en los textos gnósticos, se habla de doce y no diez mandamientos y es reconocible la influencia que el gnosticismo tuvo en Bach. En el mismo sentido, cada una de las enseñanzas de los Doce Sanadores puede ponerse en términos de mandatos. Por ejemplo, respetarás los procesos, serás paciente, sabrás perdonar, para Impatiens 

Por su parte el eje horizontal (Yo-Otro) es el eje relacional y los vínculos son la llave del proceso de evolución en el sendero de la vida. Aquí son los pecados y virtudes capitales los que fijan las leyes que gobiernan los encuentros y desencuentros de los seres humanos, estableciendo una cierta proporción en la conducta. Alimentarse está bien, la gula no. En Bach esto puede representarse con los Siete Ayudantes que codifican siete argumentos de vidas y siete cronicidades. La soberbia del Rock Water, la gula de Heather, la lujuria de Wild Oat, la avaricia de Oak, la ira de Vine, la envidia de Gorse y la pereza de OIive. 

(Prof. Eduardo Grecco)