martes, 19 de mayo de 2015

Conocer y Saber



“Una Flor de Bach no es la página de un libro, sino un Universo cargado de inmensidades y probabilidades, del que se conoce un 30 ó 40 % del mismo. Y todo esto con ser el único sistema floral que puede acreditar más de 80 años de práctica y casuística” (Ricardo Orozco, Manual de aplicaciones locales)
Es generalizada la opinión que la terapia floral es una verdadera medicina holística que actúa sobre todos los campos de nuestro ser: mental, emocional, físico y espiritual. Y esto ocurre, en la mayoría de los casos, de manera simultánea.

LAS FLORES SON (a decir de Edward Bach) UN INSTRUMENTO DE EVOLUCIÓN ESPIRITUAL

Para ello es necesario ser conscientes de la /las lecciones que vinimos a aprender  “en este día de colegio”
¿Pero cómo nos hacemos conscientes de eso sin un profundo conocimiento de nosotros mismos?
Dijo San Agustín: “Dentro de mi hay alguien que es mucho más que yo mismo” ¡Qué sencilla y bella manera de referirse al Yo Superior!
Las Flores permiten que ese verdadero Yo Mismo aflore por encima del ego. Todo el sistema floral gira en torno a ello.
 Es importante recordar ahora que Conocimiento no es lo mismo que sabiduría. El conocimiento es transmisible. El saber sólo puede ser el resultado de la experiencia personal.
 Todo lo que nos llega de otros sólo lo podemos creer, pero nunca saber (y ni siquiera importa mucho tener una buena razón para creer algo o no)
 En opinión de Dethlefsen  “creer es no saber”, pero aclara que de ninguna manera se intenta menospreciar la fe, porque la FE es la condición más importante para poder llegar al saber.
Creer significa por principio, tener en cuenta la posibilidad de un hecho. Sin que se tenga como posible una experiencia nunca se la podrá alcanzar.
El saber, por lo tanto, es un asunto INDIVIDUAL.
Y sólo podemos reconocer ese saber cuando el propio estado de consciencia esté adecuado al nivel del saber.
La meta del camino del autoconocimiento es la sabiduría, que lleva a la plenitud del hombre, a la superación de la polaridad (superar los opuestos), al reconocimiento de la UNIDAD de todo lo que existe.
La Ley de la analogía dice que “como es arriba, es abajo”.
Las leyes fundamentales rigen en todas partes de este Universo. Lo que es válido en el macrocósmos lo es en el microcósmos.

Cósmos es ORDEN. Está regido por leyes y no hay lugar para la casualidad. Y el hombre es la fiel  imagen del universo macrocósmico.

Un pensamiento de Albert Einstein

"La experiencia más hermosa que podemos tener es el misterio. Es la emoción fundamental que se posa en la cuna de la verdad y de la ciencia verdadera. Quien no la conoce y no se puede maravillar vale tanto como un muerto, y tiene los ojos ensombrecidos" ("El mundo como yo lo veo", ensayo de 1930).


Bloqueo Emocional o Alexitimia




Texto: María Clara Ruiz

“No sé qué me pasa”…

“No sé qué me pasa”, es una de las expresiones más sonadas en la actualidad. Y no es de extrañar, tomando en cuenta aquellas dinámicas que no sólo no estimulan, sino que muchas veces reprimen las manifestaciones emocionales, plantando así las semillas de la enfermedad y del sufrimiento.

Ashley Montagú lo expresó de forma muy clara en su libro “El Contacto Humano”: “La impersonalidad de la vida en nuestro mundo moderno se ha vuelto tan acusada que hemos producido, en efecto, una nueva raza de Intocables. Nos hemos vuelto extraños unos para con otros, no sólo evitando sino defendiéndonos activamente de todas las formas de contacto físico “innecesario”.

“Innecesario”, entre comillas, es el término que muchas veces se encuentra en el vocabulario de quienes perciben el contacto afectivo, corporal y emocional como algo más bien incómodo. Las máquinas resultan siendo más fáciles de tratar, pues lo que realmente molesta parece ser la comunicación directa y sentida que, inevitablemente, nos coloca en una posición de vulnerabilidad, rompiendo esquemas y certezas.

Pero no se trata de que haya buenas o malas personas, por lo tanto, es totalmente ineficaz juzgar las actitudes y las conductas de los demás, especialmente cuando no se ha tomado uno el trabajo de revisar la propia casa por dentro. Se trata más bien de comprender para poder encontrar vías de solución, porque lo que sí es cierto es que no poder expresarse emocionalmente causa un gran sufrimiento, y esta debería ser la motivación para el cambio.

Últimamente se habla de “alexitimia”, término acuñado por el Psiquiatra Peter Sifneos en la década de los 70. Hay dos vertientes de este trastorno, siendo el primero de tipo neurológico y, el segundo, consecuencia de traumas emocionales o desórdenes en el desarrollo emocional. En general, la alexitimia afecta a una de cada diez personas, según la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Cuando tiene que ver con déficits neurológicos, se encuentra una disfunción en la comunicación entre el sistema límbico (que se ocupa de nuestras emociones) y el neocórtex (que se ocupa de nuestra razón), o entre el hemisferio izquierdo (encargado de la producción del lenguaje) y el derecho (responsable de regular y ordenar las emociones). Así, además de factores hereditarios, enfermedades como la esclerosis múltiple o el parkinson, las secuelas de un ictus o los traumatismos cerebrales, suelen ir acompañados de alexitimia.

El segundo tipo, relacionado con factores emocionales, responde generalmente a una inadecuada estimulación con insuficientes indicaciones verbales sobre las emociones que se experimentan desde edades tempranas. Esto resulta en una pobre capacidad de identificación de los sentimientos. Se entenderá, entonces, que niños y niñas a cargo de adultos anclados en una personalidad frágil, inestabilidad emocional, depresión, toxicomanía y otras adicciones, tendrán más posibilidades de desarrollar este trastorno. Pero no hace falta llegar a estos extremos. Basta ver cómo, en ocasiones, se deja a los niños bajo la custodia del televisor o de la maquinita, con tal de que no distorsionen las dinámicas adultas de la productividad o el propio bloqueo afectivo de padres, madres, maestro/as o cuidadores/as.
               
Sea de uno o de otro tipo, la alexitimia consiste en la incapacidad para identificar las propias emociones y, por lo tanto, de verbalizarlas. Pero no es que no existan tales emociones. Al contrario, al no poder traducirlas, el organismo busca vías de expresión alternativas y es el cuerpo el que se lleva la mayor carga, por medio de diversas somatizaciones. Entonces, las personas alexitímicas no pueden diferenciar lo que son las emociones de lo que son las sensaciones corporales.

Para hacernos una idea, imagina la siguiente situación: Ves a un amigo y le preguntas: “¿Cómo estás?”, a lo que él responde: “No sé”. Y ahí se acaba la conversación. ¿Esa información te da algún dato real de cómo está esa persona?, ¿estará enfadada, triste, preocupada, asustada, confundida? No es que no quiera hablar contigo o, de cualquier manera, no hay nada personal. Es que esa persona, como bien ha dicho, NO SABE lo que siente y, por lo tanto, no puede expresártelo con palabras. Insistir no sirve de nada. Ayudarle a buscar ayuda puede ser más eficaz. Para ella será prácticamente imposible experimentar fantasías y sueños o pensar de forma imaginativa. Su mundo se limita a los hechos y detalles de la vida cotidiana y suele ser tachada de “fría” o “distante” por las personas cercanas, tomando en cuenta la postura corporal y las facciones rígidas, además de la casi nula capacidad para el disfrute. A esto se suma la dificultad para la empatía lo cual, junto con lo anterior, afecta decididamente las relaciones interpersonales.

Las que sí son frecuentes son las quejas psicosomáticas (dolores, irritaciones de la piel y de otros órganos), así como algunas dificultades para controlar los impulsos (explosiones de ira, atracones de comida…). El comportamiento rígido así como la sobrecarga de exigencias, marcan puntos a favor de un diagnóstico hacia la alexitimia. Se ha encontrado también en personas que han experimentado algún tipo de acoso, lo cual ha impedido un adecuado desarrollo emocional.

Pero, como sabemos, el bloqueo emocional no es exclusivo de situaciones límite como los eventos traumáticos. En muchas ocasiones se deriva de factores educativos y sociales en los que la represión emocional es la norma, no sólo no estimulando sino rechazando cualquier tipo de expresión afectiva que desvele la vulnerabilidad del ser. Así, indicaciones como “tienes que ser fuerte”, “los niños que lloran son débiles”, “no estés triste que la vida son dos días”, “no expreses tus sentimientos porque se aprovecharán de ti”, “no te rías tanto que pareces loca”, etc, etc., van marcando pautas de comportamiento muy distantes de la espontaneidad, creando atascos psicológicos y somáticos que tarde o temprano, esos sí, no tendrán problema en aparecer.

Y ¿qué pasa en la relación de pareja cuando uno de sus miembros sufre de alexitimia? Posiblemente no nos demos cuenta, pero sucede y está más cerca de lo que pensamos. Una investigación de Alberto Espina Eizaguirre, psiquiatra de la Universidad del País Vasco, aporta luces al respecto. Por una parte, recuerda que en la alexitimia no influyen variables sociodemográficas de sexo, nivel económico, estudios ni profesión y, por otra, sugiere que la alexitimia sea una variable a tomar en cuenta para conocer en qué medida los inconvenientes en la pareja se deben a dificultades que puede tener uno de sus miembros para conocer y expresar las emociones por lo cual, en los ámbitos médico y psicológico, serían apropiadas intervenciones encaminadas a tratar la alexitimia.
Como vemos, mucho se ha avanzado en el estudio del bloqueo emocional en la actualidad. Pero no hay que desconocer las bases. Recordemos que es la obra de Wilhelm Reich uno de los pilares para su comprensión, no sólo a nivel psicológico, sino también psicosomático.

Por esto, dejo para la próxima entrada una reflexión acerca del bloqueo emocional en relación con los descubrimientos de Reich, así como algunos aportes sobre el tratamiento psicoterapéutico del bloqueo emocional, tan frecuente en nuestros tiempos.


lunes, 30 de marzo de 2015

Fanny Libertun: "Echando culpas"


(Publicado en agosto 6, 2013 de vivosydespiertos)


“Causa y efecto, los medios y los fines, semilla y fruto, no pueden separarse, el efecto ya florece en la causa, el fin preexiste en los medios, el fruto da la semilla.”
-Ralph Waldo Emerson

¡Qué curiosos somos! Cuando nos golpeamos con algún objeto, lo pateamos; algo no nos sale como queremos, nos enojamos al ver que hay cosas en la vida que no se pueden lograr; cuando no comprendemos, echamos la culpa al destino que es “tan injusto y tan ingrato”; no nos gusta como somos, entonces alguien nos ha hecho así; si nos relacionamos con personas desagradables, concluimos que absolutamente todos los integrantes del género humano son igualmente desagradables; algunos envejecen pensando que todo ha sido culpa de sus padres; algo nos sale mal y nuestro primer reflejo es buscar las causas en las demás personas; incluso en las pequeñas cuestiones cotidianas…por ejemplo cuando llegamos tarde a una cita por haber salido tarde de casa, somos capaces de enumerar infinitas causas externas para nuestro retraso quedando perdidos nosotros mismos en el juego de la verdad y la mentira.
A veces nos sentimos “traicionados” por el destino cuando tenemos que lidiar con las separaciones, con la enfermedad, con la muerte propia o ajena, con nuestras dificultades psicológicas. Encaramos estos procesos con indignación, esto es, como si no fuese justo ni correcto sufrir -he aquí la razón por la que perdemos el tiempo que necesitamos para madurar y crecer. Esta clase de reacción al dolor, una que no lee las causas, no nos servirá de nada. Si ponemos las causas afuera de nosotros, no podremos aceptar que podemos vivir nuestras vidas a partir de la comprensión correcta de las relaciones entre las cosas que nos llevan tanto a la felicidad como al sufrimiento.
No solemos ser muy prácticos, ni lógicos, ni leemos bien la experiencia personal, porque si lo hiciéramos veríamos que a dondequiera que vayamos, en toda la existencia, hay imperfección, dificultades, estrés e insatisfacción. ESTO ES COMO SON LAS COSAS. Ninguna persona tiene la culpa. Esto es un punto muy clave. Si partimos de la base de que tenemos la culpa de todo, también sentimos una compulsión a castigarnos o a echar la culpa a los demás y esta es, sin lugar a dudas, sólo otra manera más de seguir perdiendo el tiempo.
La queja, la ilusión, la distorsión de la realidad: pan de todos los días en nuestra cultura.
El pensamiento infantil y mágico, el que nos lleva a sacar conclusiones tales como “no tengo suerte…el otro me hizo así…no tuve oportunidades… no pude elegir…”, todas son aseveraciones que nos alejan de aceptar y conocer quiénes somos en verdad. En cambio podríamos muy bien decir: “veré qué puedo hacer…tengo la intención de mejorar…intentaré comprender cuál fue mi error y cuáles son mis limitaciones….seguiré amándome a pesar de mis imperfecciones, por lo tanto aprenderé de ellas…”.
Tanto podemos concebir el sufrimiento como un agravio que nos hace la vida como reconocer que tiene un sentido. No es mi intención promover el sufrimiento, ni estoy proponiendo que nos instalemos en él para regodearnos con él, ni sugiero que sea fácil atravesarlo, sino que podamos darle el valor que tiene, apreciar el hecho de que si no hubiera sufrimiento, no sería preciso buscar la sabiduría. Al aceptar el dolor, la decepción frente a la vida y a nosotros mismos desde una posición adulta, comprenderemos las causas y que crean las condiciones en las que vivimos.


© Fanny Libertun
http://www.zonatranspersonal.com.ar/  http://www.facebook.com/zonatranspersonal
http://vivosydespiertos.wordpress.com/



sábado, 21 de marzo de 2015

Otoñoabril


Otoñoabril…, ¿Existes realmente?
¿O de mi anhelo por soñar  se trata?
Gestar de nuevo ocres en mi mente
Promesa  de tibieza siempre grata.

Sereno día y más sereno ocaso
Paréntesis que encierran mi alegría
Recuesto el alma mansa entre tus brazos
Despierto  un ansia que creí perdida.

¿Será posible que la magia venga
A rellenar mis cántaros vacíos?
Un dulce sortilegio que mantenga
Mi corazón a salvo del hastío…

¿Qué haría yo de tener un calendario
Con doce otoñoabriles  perdurables?
No estaría  vagando solitario
Añorando vivencias imborrables…

Y mientras que la vida se deshoja
Del bosque de mi alma caerían
La fatiga, el hartazgo, la congoja
Y la muerta ilusión renacería…

Pero no hay doce, no. Tan sólo uno.
El tiempo dulce tiñe mi ventana.
Me visto de esperanza en oro bruno
En el aire repica una campana.

Mónica Vaccaro – 21 de Marzo 2015