domingo, 1 de diciembre de 2019

Bach, la cultura Celta y la sabiduría Druída

Edward Bach se interesó mucho en la cultura celta y el druidismo a tal punto que hizo un viaje iniciático por esas tierras donde vivió durante varios años.
Uno de los episodios de la vida del Dr bach que pocos saben es que era masón. Según la biografía oficial ingresó en la masonería el 25 de noviembre de 1918, en la logia londinense Warwickshire, que existió como activa hasta el 2005. En 1930 se aleja temporalmente de la logia y renuncia a su puesto de venerable maestro, para adentrarse en el camino que le marcó su vida, en su búsqueda por los remedios naturales, inspirados por la cultura y conocimientos druidas. Aunque nunca dejó de ser masón. Posteriormente después de ese periodo iniciático por los bosques de Inglaterra, especialmente en Gales, su tierra natal con fuerte tradición druida, y en la isla de Anglesey, ingresó en la logia Nourbury hasta el fin de sus días.
El Dr bach, se inició en la masonería por el rito de Emulación, un rito poco conocido. donde su lema es:
”Cada cual, en su intimidad, es quien debe tallar a su modo la piedra de su personalidad para desplegar las virtudes que lo llevan a la perfección espiritual"
Curiosamente personajes como el creador de la homeopatía Samuel Hahnemann, y Paracelso, eran también masones y fieles seguidores de la tradición druida.
El Dr Bach estudió minuciosamente, y pudo leer varios libros que se conservan en lengua celta como el libro de Ballymote , el Calendario arbóreo y el alfabeto ogham, donde se muestran varias costumbres de los druidas en forma de poemas.
En el calendario arbóreo por ejemplo, cada árbol tiene un atributo que corresponde a las virtudes que ofrece el sistema floral de Bach.

WILLOW



CHERRY PLUM


SCLERANTHUS



GENTIAN



CHESTNUT BUD


UNA INVITACIÓN A LA RESPONSABILIDAD PERSONAL

El sufrimiento tiene la función de hacerte sentir que te estás equivocando.
Si no atiendes a sus señales, te condenas a vivir en la oscuridad de tu desdicha. Lamentablemente, la mayoría de las personas que han quedado atrapadas en las mazmorras de la ignorancia suelen concluir erróneamente que el negro es el color de la existencia.
Pero la felicidad sí que existe y es sumamente luminosa, aunque no es una meta que se pueda perseguir. Ante todo, porque se trata del estado natural de tu ser, de lo que eres en esencia. Aparece cuando apagas tu mente y conectas más con tu corazón.
Recuerda los momentos en los que te hayas sentido en paz contigo mismo, con los demás y con el entorno del que formas parte. Vivir en ese estado es lo que deseas.
Sin embargo, tus estrategias para alcanzarlo suelen ser equivocadas. Estás tan acostumbrado a mirar hacia fuera que te has olvidado de lo más importante: de ti mismo. Éste es el mayor error que solemos cometer todos. Pero es que nadie nos ha enseñado a vivir de acuerdo con nuestra verdadera naturaleza. Lo curioso en estos casos es que el problema es la solución. Tan sólo tienes que asumir la responsabilidad y el compromiso de estar bien contigo mismo, y lo demás ir surgiendo a su debido tiempo.
Aunque te cueste reconocerlo, tú eres el responsable de tu felicidad y de tu sufrimiento; en ti conviven la enfermedad y la cura. Y no se trata de nada nuevo. Es algo que se ha repetido hasta la saciedad.
Pero los seres humanos tenemos un peculiar rasgo en común: tendemos a olvidar lo que necesitamos recordar y a ser esclavos de esta negligencia. Puede que te parezca imposible, pero la vida cobra sentido cuando te liberas de la esclavitud de la mente.
Esa es la batalla que tienes que ganar. El resto de las contiendas te roban mucha energía, y tan sólo proporcionan triunfos estériles que se oxidan con el paso del tiempo.
Ahora mismo, sabiendo todo lo que sabes, tan sólo cabe hacerte una pregunta:
¿hasta cuándo vas a seguir posponiendo lo inevitable? Conquista tu mente y serás libre para ser humano, es decir, consciente de ti mismo y con una infinita capacidad de aceptar y de amar lo que te sucede. Entonces comprenderás que estar vivo es un regalo maravilloso, una oportunidad para sentirte cada día profundamente agradecido.

-Borja Vilaseca-